Inflación, apagones y el oscuro futuro de la economía

Inflación, apagones y el oscuro futuro de la economía

Analistas americanos alertan del oscuro futuro al que está destinado EEUU por el cataclismo económico, energético y social que ya está asomando.

Cataclismo económico, energético y social

El analista financiero norteamericano Bill Bonner, quien ya había hecho predicciones en el pasado sobre el estallido de las burbujas “punto com” y subprime, publicó el pasado agosto un vídeo en el que lanzaba varios mensajes alarmantes sobre el oscuro futuro al que están destinados los estadounidenses por el cataclismo económico, energético y social que ya está asomando.

Estos augurios los sustenta en dos grandes fuerzas que han tomado tracción en los últimos años y que ahora chocan como dos trenes en sentido opuesto.

Se trata, por un lado, del cambio en el modelo energético y la batalla que se ha cernido contra las energías fósiles en los países avanzados (política de cero emisiones de CO2) sin tener en cuenta el coste, el tiempo y la viabilidad de dicha transformación.

En el otro sentido avanza con fuerza vertiginosa el desorden de las finanzas públicas y de la emisión monetaria, causado sobre todo por la crisis de la covid-19 y otros planes de estímulo desde la recesión de 2008.

Estos dos hechos le han llevado a asegurar que hemos entrado en un ciclo que puede durar unos 10 años y en el que probablemente veremos caer el dólar y otras monedas a la mitad de su poder adquisitivo, así como dispararse el coste del petróleo en términos nominales por 5 y en términos reales por 2.5.

¿Entonces, a qué nos enfrentamos?

Nos enfrentamos a serias dificultades para generar la electricidad necesaria con la disponibilidad actual de gasoil, gas y carbón.

Lo que desembocará, según sus previsiones, en discontinuidad en el servicio eléctrico y eventuales apagones de larga duración, aparte de un enorme coste para el sector industrial que generará paro, o de problemas en el transporte con mercancías, tractores, aviones, barcos, etc., que se mueven con gasoil.

En su exposición, Bonner presenta escenarios apocalípticos en los que, en resumen, no se produciría sólo una caída significativa de la renta real y una alta inflación, sino desórdenes sociales y políticos graves, en lo que sería la reedición de la Argentina de las últimas épocas.

Más allá de si Bonner acaba teniendo razón en su visión más catastrofista, por más que sí parece haber diagnosticado con acierto las dos fuerzas desintegradoras en la fase del ciclo en que estamos entrando (con doble colapso de la energía y del gasto público), es interesante establecer paralelismos con el anterior ciclo de materias primas de los años 70.

Materias primas de los años 70

Aquel fue un período de estanflación con la crisis del petróleo y la destrucción del dólar y la deuda pública a la cabeza, así como con un ambiente político, cultural y social en el que las perspectivas de la gente, las recomendaciones o los discursos tomaron un cariz catastrofista, como si nos precipitáramos hacia el fin de los tiempos.

Ya habíamos hablado en un artículo anterior de cómo las ideas maltusianas renacen en épocas de fuerte inflación de costes.

Ante la escalada creciente de precios de los bienes más básicos y su escasez relativa, los políticos y académicos claman por el crecimiento cero (no malgastar ningún recurso escaso), el control de la población (controlar natalidad, facilitar muertes) o el racionamiento y gestión pública de los recursos naturales (véase el precio controlado de la cesta de la compra básica en supermercados o la restricción de acceso a electricidad que vamos a padecer a partir del otoño).

Películas de la década de los 70 o inicios de los 80

Son característicos de estas épocas la desorganización y los desórdenes sociales, lo que se plasma en el arte y la narrativa del momento.

Películas de la década de los 70 o inicios de los 80 reflejan muy bien el carácter apocalíptico marcado por significativos repuntes de delincuencia, disturbios raciales como en Detroit, Nueva York y otras ciudades, colas para repostar gasolina o miedo al invierno nuclear.

Una película icónica en este sentido sin duda ha sido Mad Max (1979): la gasolina era el bien más buscado, había colapsado el Estado al modo del Imperio Romano con señores de la guerra campando a sus anchas, no imperaba la ley y se había registrado una reducción acuciante de la población.

Se extendió, como hoy está pasando, el cine de catástrofes o apocalíptico, con otros ejemplos como Terremoto (1974), La aventura del Poseidón (1972), El Coloso en llamas (1974), El día después (1983, sobre la amenaza atómica) o El día del fin del mundo (1980, volcanes).

De forma parecida a los vaticinios de Bonner hoy, fueron muy populares en los 70 las recomendaciones y predicciones de Harry Browne, que pueden encontrarse en dos libros suyos: How you can Profit from a Monetary Crisis o How you can Profit from the Coming Devaluation.

Browne propugnó, con razón, que la inversión más rentable de los años 70 sería el oro, pero resultó igualmente curioso que alrededor de sus consejos se constituyera todo un movimiento de apocalípticos o de doomers (inglés) que proponía, ante la grave situación, que las familias construyeran búnkeres, se hiciesen con armas, aprovisionamientos de agua o alimento para los cortes de energía, e incluso una vuelta al autoconsumo.

Mucha literatura de la época abordó esta cuestión de manera práctica. En aquella época había igualmente un cierto miedo al holocausto nuclear, de forma parecida a lo que estamos viviendo ahora y que ha propiciado que EEUU haya adquirido medicamentos contra la radiación por la guerra con Rusia.

El trade de la década sí serán los combustibles fósiles

Las similitudes entre ambas fases son muy parecidas. De momento el oro no ha dado señales de revalorización, pero seguramente el trade de la década sí serán los combustibles fósiles, como sugiere Bonner: petróleo, gas y carbón.

Para acabar con un toque de optimismo, hay que tener presente que el fluir de la economía sigue una tónica cíclica: o, dicho de otro modo, todo lo que sube baja (y a la inversa), la historia se repite… Hay muchas formas de expresar esta idea.

Y es que, pese a que una recesión inflacionaria como la actual tiene repercusiones graves en muchos aspectos, de los 70 pudo salirse con fuerza y empuje una década después gracias a la revolución conservadora auspiciada especialmente por Reagan, Thatcher y algunos países del Cono Sur, a lo que acompañó el colapso del imperio soviético.

Es pronto para saber cuáles de los vaticinios de Bonner se cumplirán y, desde luego, aún más pronto para vislumbrar qué movimiento político y social conseguirá frenar esta deriva de escasez, subidas de precios y desórdenes sociales.

Máster en Economía UFM-OMMA

Lo que sí sabemos es que existen unas tendencias y previsibles cambios, pero no la intensidad o el timing exacto.

En el Máster en Economía de UFM-OMMA aprenderás a entender los ciclos económicos, qué fenómenos caben esperarse en cada una de sus fases en lo relativo a la economía, la sociedad o la política.

Entenderás la economía en su conjunto, su funcionamiento y su interrelación con otros ámbitos de la vida en sociedad.

Nos hemos esforzado por reunir a los mejores profesores de habla hispana para conformar un cuerpo teórico y analítico integral con disciplinas como:

  • La historia económica (el pasado es un gran predictor del futuro)
  • La teoría del Estado (cuál es el papel del Estado en cada época histórica y cómo ha ido evolucionando su poder)
  • Las políticas públicas (marco regulatorio al que se somete la producción en cada país y qué se busca con cada regulación)
  • Los ciclos económicos, la teoría financiera o la microeconomía, así como fiscalidad, entre otros.

Contamos con profesores y conferenciantes de la talla de Juan Ramón Rallo, Juan Sebastián Landoni, Carlos Rodríguez Braun, Gabriel Calzada, Daniel Lacalle, Miguel Anxo Bastos, Martín Krause, Gabriel Zanotti, Peter Boettke, Lawrence H. White o Alejandro Chafuen.

Si quieres formar parte de la próxima edición del Máster, puedes rellenar el formulario de admisión para reservar tu plaza.

El artículo se publicó originariamente en Libertad Digital

Argentina: ¿camino de la hiperinflación?

Entrevista de Juan Ramón Rallo a Martín Krause

Hoy lunes, 17 de octubre, a las 22.00 (hora de Madrid), nuestro profesor y codirector del Máster en Economía UFM-OMMA, Juan Ramón Rallo, entrevistará a Martín Krause, profesor en ese mismo Máster, así como en la Universidad de Buenos Aires.

La entrevista llevará por título: “Argentina: ¿camino de la hiperinflación?”. En ella se hablará de la coyuntura económica de Argentina y se abordarán los siguientes temas:

  • Por qué Argentina ha llegado a los niveles de inflación actuales
  • Cuál es la responsabilidad del actual Gobierno
  • Qué responsabilidad tiene Macri
  • Cuáles son las perspectivas económicas y políticas de futuro para el país
  • La opción de Milei y qué capacidad tendría para estabilizar el peso
  • La opción de dolarizar

Si no quieres perderte lo que Martín Krause contará a lo largo de la entrevista, anota en tu agenda la siguiente fecha: lunes, 17 de octubre, a las 22.00 (hora de Madrid).

Este es el enlace para ver el directo: https://bit.ly/entrevista-rallo-martinkrause

Maltusianismo, una mala teoría económica que se reaviva con la estanflación

Máster en Economía UFM-OMMA

Oferta de energía rígida y demanda desbocada son caldo de cultivo para que los precios se disparen. En el Máster en Economía de OMMA te lo explicamos.

Como siempre sucede cuando se dispara el precio de las commodities y se produce escasez relativa de alimentos, energía y bienes más básicos, se reavivan las viejas teorías del agotamiento de los recursos derivados de la sobrepoblación.

Esto ancla su historia más reciente, como mínimo, desde que Malthus publicara en 1798 su Ensayo sobre el principio de la población. En él, de manera resumida, sostuvo que la población tendía a crecer en progresión geométrica mientras que el alimento lo hacía en progresión aritmética, esto es, de forma mucho más lento.

Consecuentemente, durante un tiempo la economía marcha sin demasiadas tensiones hasta que se llega a un punto en que la producción de alimento (y de recursos naturales en general) se torna insuficiente para abastecer a la población creciente. El resultado serán ajustes económicos en forma de penuria: hambrunas, guerras, epidemias, crisis…

Para evitar este desenlace, según claman estas voces, se debe reducir el número de habitantes que presionan sobre los recursos por medio de mecanismos varios que van de la esterilización de la población hasta medidas de control de natalidad, de racionamiento del acceso a los recursos naturales (agua, alimento, energía) o los controles de precios, entre otras tantas ocurrencias.

Inclusive, se puede estirar este discurso fatalista para justificar dar prioridad a los recursos naturales sobre la vida y el bienestar de las personas, a las que se hace responsables (o irresponsables, más bien) de la escasez rampante y el sobreconsumo. Así, de paso, los mandatarios políticos se lavan las manos, logran presentarse como salvadores y no como culpables de la grave situación.

Teoría maltusiana

Pese a que muchas personas tienden a pensar que la teoría maltusiana es una teoría económica firmemente aceptada, sería bueno recordar que esta línea de pensamiento tiene una versión opuesta en la teoría económica que afirma que son los desequilibrios estructurales de tipo productivo-energético y crediticio-monetario los que llevan a escaladas de precios de los bienes más básicos como la de los años 70 o la actual. Y también apunta que los causantes de la estanflación son las medidas económicas erradas adoptadas con anterioridad.

Si nos centramos en la actualidad, el mix energético impulsado por los países occidentales se ha centrado masivamente en las energías renovables, cuando no estaban suficientemente maduras para dar ese salto, demonizando la generación de energía por medio de combustibles fósiles.

Además, con el coste del capital prohibitivo para las industrias del petróleo y gas como consecuencia de los criterios ESG (environmental, social and governance) de inversión, no ha habido inversión suficiente durante estos años pasados en la vieja economía energética en parcelas como la prospección, la búsqueda de nuevos yacimientos, la formación de capital humano y especialización o el desarrollo de mejoras tecnológicas extractivas, lo que se ha visto agravado por la dependencia energética de países con los que se está ahora en guerra.

Es por eso que ahora los combustibles fósiles no pueden salir al rescate.

Se han generado cuellos de botella importantes desde el punto de vista productivo en una época en que la demanda se incrementó significativamente tras la salida de la crisis del Covid-19.

Oferta de energía rígida y demanda que campa a sus anchas son el caldo de cultivo para que los precios se disparen y no quepa capacidad de reacción.

Pero, además, que la demanda de energía (y de otros bienes) se haya desmandado tras la crisis sanitaria (y ya antes) se ha visto impulsado por el incremento de la oferta monetaria (inyecciones de liquidez) que han fomentado los Bancos Centrales mediante emisiones de deuda pública masivas y fijación de tipos de interés artificialmente bajos durante mucho tiempo (desde la anterior gran crisis en 2008).

Aquí entra el segundo de los factores mencionados como determinantes de la inflación de costes que sufrimos hoy: el componente crediticio-monetario.

De acuerdo con esta visión de los hechos, las causas de la inflación están en las malas decisiones político-económicas adoptadas en los años previos y hacia sus responsables habría que dirigir las miradas.

El maltusiano es un viejo debate que siempre se reaviva cuando llega a estanflación: las personas se reproducen demasiado presionando sobre los recursos, los recursos se están agotando, ergo hay superpoblación y debe controlarse o reducirse.

Curiosamente, quienes defienden que se están agotando los recursos en las épocas de inflación por exceso de consumo son los mismos que sostienen que no hay consumo suficiente en las épocas de deflación, cuando caen todos los precios y parece que todo abunda (ejemplo de la Gran Recesión de 2007).

El mismo Malthus, en sus Principios de Economía Política (1820), también presentó la tesis subconsumista, por más contradictoria que parezca en relación con la anterior vinculada con el exceso de población.

Este tipo de razonamiento simplista es propio de economistas de cortas miras que no comprenden bien los conceptos básicos de la economía, las relaciones de casualidad, la dinámica del proceso de creación de riqueza y los ciclos económicos.

Máster en Economía UFM-OMMA

Si tienes interés en interpretar el mundo económico en el que vives, en nuestro Máster en Economía de UFM-OMMA aprenderás a entender la economía, su funcionamiento y su interrelación con otros ámbitos de la vida en sociedad.

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Si tienes interés en aprender y entender la economía, su funcionamiento y su interrelación con otros ámbitos de la vida en sociedad, te animamos a matricularte en la nueva edición del Máster.

Datos del Máster en Economía UFM-OMMA:

  • Fecha comienzo del Máster: 27 de octubre de 2022
  • Formación online con clases en directo
  • Cupo de alumnos reducido
  • Un año de duración con más de 175 sesiones de 80 minutos cada una

El artículo se publicó originariamente en Libertad Digital

¿El Estado siempre crece? Sí, especialmente con las crisis

Máster en Economía UFM-OMMA

Las crisis inflacionarias desempeñan un papel clave en el mayor peso del Estado en la economía. En el Máster de OMMA lo explicamos.

Uno de los efectos de la estanflación que no debiera pasar desapercibido a ningún observador avezado es el tamaño y el poder que acaban adquiriendo los gobiernos en fases críticas de la economía como la actual.

Durante el Máster en Economía abordamos con nuestros alumnos qué factores contribuyen al crecimiento del tamaño del Estado, en el que las crisis desempeñan un papel clave.

En el caso de las economías occidentales, dos crisis han contribuido a que el papel del poder público y político adquiera cada vez más protagonismo en la economía.

En primer lugar, la llamada Gran Recesión (crisis deflacionaria con inicio en 2007/2008) llevó a que la población mirara hacia los gobiernos pidiendo ayudas y rescates mientras daba la espalda al mercado.

Rechazó ese mismo mercado que en el boom inmediatamente anterior le había permitido vivir de manera solvente y, a veces, por encima de sus posibilidades porque la borrachera de crédito privado había permitido una actividad económica cuyo vigor no podía sostenerse en el tiempo.

Esta crisis se cebó especialmente, pues, con el sector privado al estar vinculada con un crédito que condujo al apalancamiento en exceso de familias, empresas y sistema financiero.

Esos mismos agentes (familias, empresas y sistema financiero) demandaron alguna solución a su delicada situación financiera, y el Estado, en casos de crisis subconsumistas, suele salir al rescate adquiriendo un resurgido protagonismo en la economía.

La segunda gran crisis es la actual: la inflacionaria.

Hace tiempo que los criterios de convergencia (Maastricht) saltaron por los aires en los estados miembros de la Unión Europea, lo que denota que sus cuentas públicas (fiscales y de deuda) no están precisamente saneadas.

Es cierto que el sector privado ha sacado partido todo este tiempo de los tipos de interés artificialmente bajos, pero los gobiernos sin duda han sido los grandes beneficiados de que esos bajos tipos no hayan generado tensiones inflacionistas durante bastante años.

Hasta que lo han hecho…

Un repaso por la evolución de la deuda pública en las dos grandes crisis sistémicas.

A finales de 2007, justo a las puertas de la Gran Recesión, el nivel de deuda pública sobre el PIB estaba en un idílico 36.3%.

Con la recesión, empieza a subir la deuda nacional y en 2014 este indicador rebasa el 100%.

A partir de ese momento, se corrige un poco esa tendencia hasta llegar el 95.5% de finales de 2019.

Irrumpe la crisis de la Covid-19 en el primer trimestre del año 2020 y asoma la inflación de precios de alimento, energía y otras materias primas en el último trimestre de 2021.

Todo ello afecta al gasto público y a la recaudación. El nivel de deuda pública española sobre el PIB está hoy en el 117,7% (primer trimestre 2022).

La sucesión de emergencias nacionales decretadas por los gobiernos (ahora también la climática y de suministros, ambas tan íntimamente relacionadas) está llevando a que el poder del Estado se acreciente a pasos agigantados: regulaciones, reglamentos, prohibiciones, obligaciones, nuevos tributos y subidas de los existentes, controles de precios, subvenciones, proliferación de ministerios, de organismos públicos y de nuevas competencias…

Es difícil que a nadie se le escape la colosal cantidad de medidas políticas y económicas con las que las distintas administraciones innovan diariamente.

De ahí las ineficiencias en el sistema productivo y los preocupantes déficits fiscales, sumado a la restricción de libertades.

No en vano, las épocas de crisis inflacionarias (que afectan a bienes básicos como materias primas o energía) son crisis de deuda pública y de fuerte intervención en el sistema productivo y la economía (también en la vida privada), como ya sucediera durante la crisis del petróleo de los 70 del siglo pasado.

Vale la pena en este contexto rescatar el «efecto trinquete» que Robert Higgs desarrolló en su libro Crisis y Leviatán en relación con el creciente papel del Estado durante las crisis políticas y económicas, y para ello nos remitiremos a la respuesta que ofreció a este respecto en una entrevista de 2011 a Ángel Martín Oro:

En mi trabajo, el efecto trinquete (ratchet effect) describe la forma característica en la que el gobierno, bajo las condiciones ideológicas modernas, crece durante una situación que se percibe como una emergencia nacional.

El tamaño, alcance y poder del gobierno crece abruptamente cuando el gobierno actúa para ‘hacer algo’ con el fin de disipar la amenaza.

Luego, a medida que la amenaza se elimina o reduce, el gobierno se contrae, pero no hasta el nivel que se habría llegado sin la crisis.

Por tanto, cada crisis desplaza la trayectoria del crecimiento del gobierno hacia un mayor tamaño, alcance y poder.

Robert Higgs

Hasta aquí, Higgs nos ha presentado la hipótesis general relacionada con el hecho observable de que los gobiernos incrementan su tamaño y poder con las crisis y no vuelven al estado anterior cuando éstas se quedan atrás.

Más interesante aún si cabe es su reflexión en relación con las causas del «efecto trinquete».

Y es que la intervención crea toda suerte de intereses creados y clientelares (cambian los incentivos en una parte creciente de la gente).

Y, muy importante, una porción nada desdeñable de la población acepta de buen grado la intervención pública en épocas de crisis, lo que va unido al cambio ideológico que se produce en la misma, que acaba creyendo ciegamente en el sector público como salvador en las sucesivas emergencias nacionales que éste va declarando:

En mi formulación, las razones para el efecto trinquete son varias: una es la inercia política y legal; otra es la persistencia institucional generada por quienes operan o se benefician de las agencias gubernamentales o la nueva autoridad desencadenada por la crisis; y todavía una más -quizá la más importante- y es el cambio ideológico asociado a que el público llega a acostumbrarse al ejercicio de los nuevos poderes gubernamentales y a los esfuerzos concurrentes del gobierno para justificar estos poderes.

Otros economistas e historiadores habían descrito el efecto trinquete, pero la mayoría de ellos lo habían restringido al crecimiento fiscal.

Ninguno de ellos había desarrollado el componente ideológico con el mismo detalle de lo que he hecho yo.

El cambio ideológico, desencadenado por la superación aparentemente exitosa de una crisis importante, predispone al gobierno a crear, y al público a aceptar, un crecimiento todavía mayor del gobierno cuando tenga lugar la crisis siguiente.

Robert Higgs

Y es que mucho ha llovido desde los tiempos de Adam Smith, en los que se discutía si el papel del Estado debía centrarse en la protección interna y externa, las leyes y, si acaso, las infraestructuras.

No parece muy discutible el papel omnipresente que tiene hoy el Estado en muchas áreas de la vida pública y privada: educativa, moral, cultural, vejez, salud, empresarial, fiscalidad…

Sobre el Máster en Economía de OMMA-UFM

Los alumnos del Máster en Economía UFM-OMMA llevan años aprendiendo a entender la economía, su funcionamiento y su interrelación con otros ámbitos de la vida pública.

Nos hemos esforzado por reunir a los mejores profesores de habla hispana para conformar un cuerpo teórico y analítico integral con disciplinas como:

  • La historia económica (el pasado es un gran predictor del futuro).
  • La teoría del Estado (en la que reflexionamos sobre cuál es el papel del Estado en cada época histórica y cómo ha ido evolucionando su poder).
  • Las políticas públicas (marco regulatorio al que se somete la producción en cada país y qué se busca con cada regulación).
  • Los ciclos económicos.
  • La teoría financiera.
  • La microeconomía, así como fiscalidad, entre otros.

Contamos con profesores y conferenciantes de la talla de Juan Ramón Rallo, Juan Sebastián Landoni, Carlos Rodríguez Braun, Gabriel Calzada, Daniel Lacalle, Miguel Anxo Bastos, Martín Krause, Gabriel Zanotti, Peter Boettke, Lawrence H. White o Alejandro Chafuen.

Ya puedes reservar tu plaza para el Máster en Economía UFM-OMMA.

  • Fecha de comienzo del Máster: 27 de octubre de 2022
  • Formación online con clases en directo
  • Cupos de alumnos reducido
  • Un año de duración con más de 175 sesiones de 80 minutos cada una

El artículo se publicó originariamente en Libertad Digital

¿Hacia una nueva crisis del petróleo?

torre o chimenea de una petrolera

Las reservas de petróleo no constituyen un stock fijo no renovable, sino un producto renovable que genera el hombre. En OMMA te lo explicamos.

El papel del petróleo en el avance de la humanidad es indiscutible.

A nadie se le escapa que, por cuestiones medioambientales y políticas, no es la fuente de energía más popular en la actualidad, pero su importancia en el último siglo y medio en el desarrollo económico, los incrementos de productividad y la mejora del bienestar de la población está fuera de toda duda.

Vale la pena tener presente una serie de cuestiones en relación con el consumo de energía:

  • La demanda de energía es insaciable tanto para computar como para combinar y recrear materia, eliminar polución, mejorar las armas, viajar, etc.
    Incluso si pensamos en la próxima economía, tecnologías como la biotecnología, nanotecnología, medicina, telecomunicaciones, viajes espaciales, descubrimiento y explotación de nuevos yacimientos energéticos, etc., serán muy demandantes de consumo de energía.
    Dicho de otro modo, la energía es el pan nuestro de cada día: imprescindible para cualquier desarrollo tecnológico y humano.
  • La disponibilidad de energía a conquistar es a todos los efectos inagotable.
  • El consumo de energía está indisolublemente ligado al crecimiento de la productividad, el empleo y la riqueza de cada país.

En OMMA Business School Madrid, abordamos con nuestros alumnos del Máster en Economía UFM-OMMA qué factores determinan la variabilidad de los precios de los distintos tipos de bienes de la economía y cuál es su impacto en el orden económico y social en el que vivimos.

Hablemos aquí de la importancia del petróleo y de la evolución de su precio para nuestros lectores.

Importancia y evolución del consumo del petróleo

La producción de petróleo, incluyendo petróleo no convencional (petróleo crudo pesado, lutita bituminosa, crudo sintético basado en arenas de petróleo, gas licuado, etc.), que representa un 30% del total, ha pasado desde 10 millones/barriles día en los años 30 del siglo pasado hasta los cerca de 100 millones/barriles día de hoy.

La llamada «era del petróleo», que va desde finales de la Segunda Guerra Mundial hasta el inicio de los 70, fue la época de mayor crecimiento en renta y en salarios de los últimos 150 años.

No por casualidad el consumo de petróleo se multiplicó por seis en menos de treinta años.

También era una commodity barata: hasta esa fecha, el precio del barril petróleo fue muy constante (menos de 2 dólares) e incluso tendió a la baja.

Toda esa época que culmina en la «crisis del petróleo» a inicios de los 70

Muestra de forma clara la estrecha relación que existe entre bienestar, productividad, salarios y proliferación de clases medias con la disponibilidad de energía barata.

A partir de los 70 se desencadena la última gran crisis inflacionaria que hemos padecido (con similitudes con la actual que está comenzando) y desde entonces la producción de petróleo se ha incrementado a un ritmo muy inferior.

De este modo, durante la revolución tecnológica vinculada con la era de la computación y el conocimiento (a partir de los 90), los incrementos de productividad ya no tuvieron su origen en la energía, sino en las telecomunicaciones o el procesamiento de información.

Así, aunque la producción de petróleo ha seguido creciendo desde ese pico de finales de los 70, lo ha hecho a un ritmo inferior y los precios ya no se fueron a niveles tan atractivos en términos relativos como antes de esa fecha.

Aunque es más extenso de explicar, que no haya caído el precio significativamente desde su máximo guarda relación con el cártel de productores de petróleo, la OPEP, que controlan precios a través de la regulación de cantidades.

Este statu quo se rompió en parte cuando emergen como swing producers los productores de petróleo norteamericanos gracias a la innovación del fracking: desde 2007, pero sobre todo a partir de 2013, sí cayó el precio y se mantuvo bastante barato hasta 2020.

Petróleo: ¿stock o flujo? Los determinantes del precio del petróleo

El pasado es un gran predictor del futuro.

No tardaremos en presenciar cómo se reedita un debate en torno al petróleo (y en general las materias primas) que ya tuvo a la sociedad en vilo en épocas inflacionarias pasadas: desde las profecías de Malthus y Jevons en la primera y segunda mitades del siglo XIX hasta el Club de Roma y las teorías del crecimiento cero en los años 70 del siglo XX.

Históricamente los autores se han dividido en dos campos enfrentados.

Aquellos para los que las reservas de petróleo son estáticas y están dadas, y otros que entienden que estas surgen y se crean como resultado de un proceso de descubrimiento dinámico auspiciado por el hombre.

Entre los primeros, su máximo exponente podría ser el economista matemático Harold Hotelling, quien en los años 30 escribió el artículo «La economía de los recursos agotables».

Según esta visión de los recursos naturales, estamos en una nave, la nave Tierra, y en ella disponemos de una bodega con cada uno de los recursos existentes, uno de los cuales es petróleo.

En este contexto, se sabe la cantidad que hay, un stock fijo, y se trata de ir distribuyéndolo en el tiempo de forma racional para que no se produzca el agotamiento precipitado por la sobreexplotación.

El punto de partida para estos teóricos, por tanto, es que la cantidad de reservas es conocida y que la commodity en sí no tiene capacidad de renovarse (son fuentes agotables). El maltusianismo tendría relación con esta visión más estática de la economía.

La otra escuela la lideró históricamente el profesor del MIT Morris Adelman, quien escribió un libro muy reseñable sobre la materia: The Economics of Petroleum Supply.

Adelman sostuvo que la aproximación de Hotelling no era la correcta porque lo que entendemos como petróleo (reservas de petróleo) no es un producto no renovable de la Tierra, sino un producto renovable que genera el hombre.

En definitiva, hizo una clara distinción entre reserva disponible económicamente explotable y conocida, y el petróleo incalculable existente en la corteza terrestre.

Según esta corriente, las reservas de petróleo en verdad son renovables porque son susceptibles de ser creadas por el hombre con la combinación de tres mecanismos: conocimiento, tecnología e inversión.

Cuanta más incorporación haya de estos elementos, más capacidad habrá de creación de estos bienes y, por extensión, disfrutaremos de más abundancia y caída de precios.

Es cierto que, en apariencia, los productores tenderán a ir extrayendo el petróleo más barato y fácil de obtener (más rentable) en primera instancia y, por tanto, es lógico tender a pensar que siempre deberíamos encaminarnos hacia un petróleo más difícil y costoso de obtener.

Pero esto no siempre sucede de este modo porque el conocimiento que se está aplicando y la productividad de las técnicas asociadas a la inversión van creciendo con el paso del tiempo y la creatividad.

Resulta clave tener presente en cualquier caso que estamos ante una lucha permanente entre investigación, tecnología e inversión contra depletion (merma o consumo de reservas).

En ese sentido, cada época es un mundo y los incentivos son dispares en función de la fase del ciclo en la que nos hallemos…

Así pues, subidas significativas en el precio y caídas de las reservas de petróleo coinciden con épocas en que se ha invertido poco, lo que es el caso actual.

Si además hay subidas en la demanda del bien, surgen cuellos de botella que presionan aún más los precios al alza.

Es el momento de plantearse nuevas inversiones porque el elevado precio del petróleo (la promesa de una mayor rentabilidad) supone un fuerte incentivo, si bien el fruto de las mismas no será ni mucho menos inmediato y se hará notar con el paso del tiempo.

En cambio, las épocas de precios bajos coinciden con una alta disponibilidad y un precio no muy remunerativo (poco incentivo para investigar e invertir).

Eso pasó a partir de 2008 (y especialmente a partir de 2013), cuando se mezclaron los avances de la tecnología del fracking (aumento de la oferta) con la recesión económica (caída de la demanda).

Antes, en los 50 y 60, sucedió un fenómeno parecido cuando el precio se mantuvo bajo durante bastante tiempo, motivado por los grandes descubrimientos de Arabia Saudí, Libia, etc.

En ambas épocas, a raíz de que existía mucho petróleo barato, se redujeron los incentivos para invertir en el desarrollo de nuevos yacimientos y una mejor tecnología extractiva.

Estamos, como ya hemos dicho antes, ante una lucha continua que se traduce en un juego de arbitrajes variables en el tiempo. No se sabe quién va a ganar esta batalla.

Sí podemos afirmar que en los últimos 120 años la va ganando el hombre (la inversión), en tanto que cada vez se produce y consume más (100 millones contra 10 millones de barriles día) y en general el precio no ha subido significativamente en términos del poder adquisitivo constante de la moneda.

Inflación de precios por motivos monetarios

El vaivén de los precios del petróleo no sólo viene explicado por factores intrínsecos del sector relacionados con la disponibilidad de reservas, sino que está íntimamente relacionado los ciclos económicos:

Cómo el acceso al crédito abundante (y otros factores económicos complementarios muy baratos) genera booms económicos (elevada actividad económica) al crear nueva capacidad de compra que lleva a cuellos de botella en este tipo de bienes (esto lo explica la teoría del ciclo comercial).

Así, en la situación presente, la poca inversión en búsqueda de yacimientos y tecnología extractiva se ha unido a un final de ciclo de recursos naturales baratos y a la generación de una gran cantidad de dinero a partir, sobre todo, de la crisis de la Covid-19.

Se ha incrementado casi un 40% la oferta monetaria en dos años sin venir en ningún caso acompañado de aumentos en la productividad.

Pues incluso la economía ha estado parada seis meses por los confinamientos, y a medio gas después por las restricciones posteriores. Todo ello ha provocado una tensión en muchos precios de la economía, especialmente, las commodities.

Por último, cuando se recalienta la economía y los agentes económicos afrontan niveles de inflación elevados sostenidos en el tiempo, así como devaluaciones monetarias, muchos bienes materiales, y en particular las materias primas, acaban monetizándose por cuanto son formas muy superiores de conservar el valor de los ahorros o patrimonios que la renta fija o el efectivo.

Se huye de la moneda y se busca refugio en este tipo de bienes reales, por lo que incluso surge la especulación en torno a estos. Este factor contribuye por tanto a disparar la demanda de petróleo, oro, plata, inmuebles y otros bienes que presentan estas características.

Conviene tener claros los rudimentos teóricos sobre cómo se forman los precios de bienes de la economía tan críticos para la humanidad como el petróleo para comprender que las explicaciones más intuitivas y pesimistas no son siempre las más certeras…

¿Qué aprenderás con el Máster en Economía UFM-OMMA?

En nuestro Máster en Economía de UFM-OMMA llevamos ocho años enseñando a nuestros alumnos a entender la economía y su funcionamiento gracias a las aportaciones científicas que, en defensa de los mercados, han desarrollado economistas de la Escuela Austriaca, la Escuela de Chicago, la Escuela de la Elección Pública, la Escuela de Bloomington o el neoinstitucionalismo.

Contamos con profesores y conferenciantes como Juan Ramón Rallo, Juan Sebastián Landoni, Carlos Rodríguez Braun, Gabriel Calzada, Daniel Lacalle, Miguel Anxo Bastos, Martín Krause, Gabriel Zanotti, Peter Boettke, Lawrence H. White o Alejandro Chafuen.

Artículo publicado originalmente en Libertad Digital

¿Suenan tambores de estanflación?

Suenan tambores de estanflación

En OMMA Business School Madrid repasamos algunas claves de la actual inflación.

Los próximos meses se antojan apasionantes al observador de la realidad económica, quien muy probablemente esté bastante entrenado en su capacidad de asombro por lo que lleva pasando desde hace varios años en este alocado mundo…

Si en 2007 emergió una recesión económica cimentada en un proceso de carácter deflacionario (precios, salarios, tipos de interés), en estos momentos nos acercamos con pasos de gigante al abismo de la estanflación, a saber, la combinación de inflación con crisis económica.

En OMMA Business School Madrid, llevamos muchos años explicando a nuestros alumnos del Máster en Economía UFM-OMMA cuál fue el origen de la Gran Recesión y ahora estamos analizando con ellos cuáles son los desencadenantes de la inflación actual y qué cabe esperar en el futuro. Hablemos un poco de ello aquí también.

¿Posibilidad de crisis económica con inflación?

Si surgiera esta posibilidad tendría tintes algo apocalípticos (los períodos inflacionarios suelen tomar ese cariz), está llevando a que muchas personas estés como algunas presas ante su depredador: en modo parálisis.

Ya se sabe: ante un peligro inminente o un trauma, los seres vivos reaccionan habitualmente de tres maneras posibles. En inglés se ilustra por medio de las tres «F»: fight, flight or freeze. O lo que es lo mismo: lucha, huida o parálisis.

De momento, muchos están a la espera de ver cuáles son los próximos movimientos en este tablero de ajedrez de la economía y geopolítica mundiales…

La inflación, con datos de febrero de 2022

Hay motivos de preocupación. La inflación, con datos de febrero de 2022, se ha ido al 7,4% interanual y varios analistas estiman que se irá a los dos dígitos, sobrepasando el 10% esta misma primavera si el conflicto Rusia-Ucrania persiste en el tiempo.

La temida estanflación vendría caracterizada por la aparición de una inflación de costes sostenida en el tiempo que afectaría por igual a familias y empresas.

Si la cesta de la compra venía subiendo desde 2020, desde otoño de 2021, empezaron a saltar las alarmas como consecuencia de los incrementos acelerados en el coste energético y de commodities.

Parte de la explicación la encontraban los analistas en las rigideces en la oferta que se encontró Occidente a la salida de los confinamientos por la crisis de la Covid-19. Cuando volvió a salir la gente a la calle, la reactivación de la economía se produjo a tal ritmo que la oferta no estaba en absoluto preparada para atenderla en tiempo y forma.

La cuestión era si este fenómeno inflacionista (cuellos de botella) iba a ser de carácter coyuntural y las aguas volverían a su cauce tras unos meses tensos, o si este hito marcaba el escopetazo de salida (siempre hay un trigger o desencadenante en cualquier crisis) hacia una inflación de tipo endémica que empobrecería más a una población ya maltrecha por la crisis de ingresos experimentada durante los meses de encierro.

La escasez llegaba a España…

En otoño de 2021, se alzaron voces alertando de posibles desabastecimientos e incluso cortes de electricidad (varios Gobiernos europeos advirtieron de esa posibilidad a su población). De modo que las estaciones de frío se presentaban calentitas.

Finalmente no corrió la sangre al río, pero los precios de los alimentos, energía o materias primas siguieron su escalada.

Se pusieron de manifiesto restricciones en la cadena de suministros en China por la necesidad de racionar el acceso a la energía de un país esencialmente exportador.

Las fábricas chinas ralentizaban la producción, subían los precios de los fletes y se acumulaban los retrasos en el envío de mercancías.

El runrún de la escasez llegaba a España y empezaban a faltar algunos bienes. Además, los productores en España tenían que empezar a repercutir precios de materias a sus clientes en España, pese a llevar largo tiempo conteniéndolos a la espera de que la situación se relajara.

En España, algunas empresas muy dependientes del consumo energético o de ciertas commodities han tenido que paralizar la producción, como mínimo, temporalmente.

Otras están paradas por roturas de stock de factores productivos que no llegan a las fábricas. La pérdida económica, la subida de precios y al escasez afloran como consecuencia.

Hasta aquí rigideces y estrecheces que podrían tener un componente estacionario, si bien los costes energéticos en China ya daban pistas de que algo de mayor calado podía estar fraguándose. Europa y EE.UU. han apostado por la energía verde, que no pasa por ser la más eficiente.

Si nos deslizamos hacia fenómenos de carácter más estructural, se ha de prestar especial atención al incremento de la oferta monetaria.

La tasa de crecimiento de la M2 (efectivo en manos del público + depósitos hasta los dos años) en EE.UU. ha sido del 6% desde 2006. Desde mediados de 2020 (tras los confinamientos), ha experimentado un notable salto hasta llegar a un incremento del 13-14% anual.

¿Qué dijo Milton Friedman en 1963 sobre la inflación?

Milton Friedman advirtió en 1963 que «la inflación siempre y en todas partes es un fenómeno monetario, en el sentido de que no puede suceder si no es con un más rápido incremento de la cantidad de dinero que de la producción».

No parece que las decisiones monetarias de los Bancos Centrales en Europa o Estados Unidos, con tipos de interés en mínimos históricos y una expansión monetaria de estas dimensiones, estén siendo las más prudentes en el contexto económico en que nos hallamos.

La inflación derivada de los déficits públicos, la consiguiente deuda nacional comprada por los Bancos Centrales y la pérdida de poder adquisitivo del dinero están servidos. Hay que señalar que esta presión inflacionista, causada por la expansión monetaria, sí tiene un componente más estructural y duradero.

Toda esta inflación de costes se ha producido sin que uno de sus precios más importantes, los tipos de interés, haya subido de manera significativa en EE.UU. o la zona euro.

Cabe esperar que, si la contención de la inflación es inviable por otras vías, los tipos deberán subir de manera acompasada a la tasa de inflación metiendo un cerrojazo al consumo diferido en el tiempo y a la inversión y refinanciación empresarial.

Pero no solo: la renta fija, en especial a largo plazo, sufrirá grandes descuentos, de modo que los tenedores de bonos y obligaciones sufrirán merma económica, y el creciente peso de la deuda pública sobre el PIB será señal inequívoca de la maltrecha salud financiera y monetaria de los Estados nacionales.

Otro precio clave que aún no ha sufrido cambios significativos en España son los salarios.

En los 70, cuando se padeció una crisis inflacionaria con parecidos tintes, precios como los salarios se acabaron indexando a la inflación porque, de lo contrario, sería insostenible políticamente la pérdida de poder de compra continuada de las familias, cuando los bienes básicos como la electricidad, la gasolina o el alimento se encarecen a pasos agigantados.

Es de esperar que tarde o temprano esto suceda sumándose a los costes crecientes que ya soportan las empresas. De este modo, el aumento de costes de acceso al capital, las materias primas, la energía y los salarios descapitalizarán a gran velocidad al tejido industrial y empresarial de los países.

¿Qué sucede en los períodos inflacionarios?

Se produce una redistribución de las rentas entre países (cambia la relación real de intercambio).

Así, en los países más industrializados o con servicios -dependientes del consumo de materias primas o energía- se pasa a vivir con más estrecheces porque derivan las rentas hacia los productores de commodities, quienes salen ganadores y ven incrementarse sus beneficios.

De este modo, en países industrializados nos topamos con sobrecostes a todos los niveles que irremediablemente llevan a que los beneficios empresariales, en términos reales, mengüen o surjan pérdidas y los consiguientes cierres.

Y, a todo esto, el 24 de febrero de 2022 estalla la guerra entre Rusia y Ucrania.

¿Pudiera ser este nuestro segundo cisne negro tras la crisis de la Covid?

Bien es sabido que los períodos de guerra son grandes generadores de inflación por los desarreglos en las cadenas de producción y suministros, y porque se financia una parte del gasto militar con déficit público.

Habrá que seguir observando mientras se desencadenan los acontecimientos… Desde luego, estamos viviendo una época que transita entre luces y sombras.

Resulta imperioso en este contexto poder caminar hacia la luz y para ello es clave disponer de las herramientas teóricas que nos permitan entender los factores explicativos de nuestro entorno y nos den la seguridad de poder desenvolvernos con éxito en tierras movedizas.

¿Qué puedes aprender en el Máster en Economía de UFM-OMMA?

En nuestro Máster en Economía de UFM-OMMA llevamos ocho años enseñando a nuestros alumnos a entender la economía y su funcionamiento.

Gracias a las aportaciones científicas que, en defensa de los mercados, han desarrollado economistas de la Escuela Austriaca, la Escuela de Chicago, la Escuela de la Elección P´ública, la Escuela de Bloomington o el neoinstitucionalismo.

En nuestro programa hemos tratado de reunir a los mejores profesores de habla hispana en este campo para conformar un cuerpo teórico y analítico integral con disciplinas como:

  • La historia económica (el pasado es un gran predictor del futuro).
  • Los ciclos económicos.
  • La teoría financiera.
  • La microeconomía.
  • La teoría del Estado (en la que reflexionamos sobre cuál es el papel del Estado en cada época histórica y cómo ha ido evolucionando su poder).
  • Las políticas públicas (donde se nos muestra el marco regulatorio al que se somete la producción en cada país y qué se busca de cada regulación).
  • Así como la fiscalidad y más.

Contamos con profesores y conferenciantes como Juan Ramón Rallo, Juan Sebastián Landoni, Carlos Rodríguez Braun, Gabriel Calzada, Daniel Lacalle, Miguel Anxo Bastos, Martín Krause, Gabriel Zanotti, Peter Boettke, Lawrence H. White o Alejandro Chafuen.

Artículo publicado originalmente en Libertad Digital