¿Hacia una nueva crisis del petróleo?

torre o chimenea de una petrolera

Las reservas de petróleo no constituyen un stock fijo no renovable, sino un producto renovable que genera el hombre. En OMMA te lo explicamos.

El papel del petróleo en el avance de la humanidad es indiscutible.

A nadie se le escapa que, por cuestiones medioambientales y políticas, no es la fuente de energía más popular en la actualidad, pero su importancia en el último siglo y medio en el desarrollo económico, los incrementos de productividad y la mejora del bienestar de la población está fuera de toda duda.

Vale la pena tener presente una serie de cuestiones en relación con el consumo de energía:

  • La demanda de energía es insaciable tanto para computar como para combinar y recrear materia, eliminar polución, mejorar las armas, viajar, etc.
    Incluso si pensamos en la próxima economía, tecnologías como la biotecnología, nanotecnología, medicina, telecomunicaciones, viajes espaciales, descubrimiento y explotación de nuevos yacimientos energéticos, etc., serán muy demandantes de consumo de energía.
    Dicho de otro modo, la energía es el pan nuestro de cada día: imprescindible para cualquier desarrollo tecnológico y humano.
  • La disponibilidad de energía a conquistar es a todos los efectos inagotable.
  • El consumo de energía está indisolublemente ligado al crecimiento de la productividad, el empleo y la riqueza de cada país.

En OMMA Business School Madrid, abordamos con nuestros alumnos del Máster en Economía UFM-OMMA qué factores determinan la variabilidad de los precios de los distintos tipos de bienes de la economía y cuál es su impacto en el orden económico y social en el que vivimos.

Hablemos aquí de la importancia del petróleo y de la evolución de su precio para nuestros lectores.

Importancia y evolución del consumo del petróleo

La producción de petróleo, incluyendo petróleo no convencional (petróleo crudo pesado, lutita bituminosa, crudo sintético basado en arenas de petróleo, gas licuado, etc.), que representa un 30% del total, ha pasado desde 10 millones/barriles día en los años 30 del siglo pasado hasta los cerca de 100 millones/barriles día de hoy.

La llamada «era del petróleo», que va desde finales de la Segunda Guerra Mundial hasta el inicio de los 70, fue la época de mayor crecimiento en renta y en salarios de los últimos 150 años.

No por casualidad el consumo de petróleo se multiplicó por seis en menos de treinta años.

También era una commodity barata: hasta esa fecha, el precio del barril petróleo fue muy constante (menos de 2 dólares) e incluso tendió a la baja.

Toda esa época que culmina en la «crisis del petróleo» a inicios de los 70

Muestra de forma clara la estrecha relación que existe entre bienestar, productividad, salarios y proliferación de clases medias con la disponibilidad de energía barata.

A partir de los 70 se desencadena la última gran crisis inflacionaria que hemos padecido (con similitudes con la actual que está comenzando) y desde entonces la producción de petróleo se ha incrementado a un ritmo muy inferior.

De este modo, durante la revolución tecnológica vinculada con la era de la computación y el conocimiento (a partir de los 90), los incrementos de productividad ya no tuvieron su origen en la energía, sino en las telecomunicaciones o el procesamiento de información.

Así, aunque la producción de petróleo ha seguido creciendo desde ese pico de finales de los 70, lo ha hecho a un ritmo inferior y los precios ya no se fueron a niveles tan atractivos en términos relativos como antes de esa fecha.

Aunque es más extenso de explicar, que no haya caído el precio significativamente desde su máximo guarda relación con el cártel de productores de petróleo, la OPEP, que controlan precios a través de la regulación de cantidades.

Este statu quo se rompió en parte cuando emergen como swing producers los productores de petróleo norteamericanos gracias a la innovación del fracking: desde 2007, pero sobre todo a partir de 2013, sí cayó el precio y se mantuvo bastante barato hasta 2020.

Petróleo: ¿stock o flujo? Los determinantes del precio del petróleo

El pasado es un gran predictor del futuro.

No tardaremos en presenciar cómo se reedita un debate en torno al petróleo (y en general las materias primas) que ya tuvo a la sociedad en vilo en épocas inflacionarias pasadas: desde las profecías de Malthus y Jevons en la primera y segunda mitades del siglo XIX hasta el Club de Roma y las teorías del crecimiento cero en los años 70 del siglo XX.

Históricamente los autores se han dividido en dos campos enfrentados.

Aquellos para los que las reservas de petróleo son estáticas y están dadas, y otros que entienden que estas surgen y se crean como resultado de un proceso de descubrimiento dinámico auspiciado por el hombre.

Entre los primeros, su máximo exponente podría ser el economista matemático Harold Hotelling, quien en los años 30 escribió el artículo «La economía de los recursos agotables».

Según esta visión de los recursos naturales, estamos en una nave, la nave Tierra, y en ella disponemos de una bodega con cada uno de los recursos existentes, uno de los cuales es petróleo.

En este contexto, se sabe la cantidad que hay, un stock fijo, y se trata de ir distribuyéndolo en el tiempo de forma racional para que no se produzca el agotamiento precipitado por la sobreexplotación.

El punto de partida para estos teóricos, por tanto, es que la cantidad de reservas es conocida y que la commodity en sí no tiene capacidad de renovarse (son fuentes agotables). El maltusianismo tendría relación con esta visión más estática de la economía.

La otra escuela la lideró históricamente el profesor del MIT Morris Adelman, quien escribió un libro muy reseñable sobre la materia: The Economics of Petroleum Supply.

Adelman sostuvo que la aproximación de Hotelling no era la correcta porque lo que entendemos como petróleo (reservas de petróleo) no es un producto no renovable de la Tierra, sino un producto renovable que genera el hombre.

En definitiva, hizo una clara distinción entre reserva disponible económicamente explotable y conocida, y el petróleo incalculable existente en la corteza terrestre.

Según esta corriente, las reservas de petróleo en verdad son renovables porque son susceptibles de ser creadas por el hombre con la combinación de tres mecanismos: conocimiento, tecnología e inversión.

Cuanta más incorporación haya de estos elementos, más capacidad habrá de creación de estos bienes y, por extensión, disfrutaremos de más abundancia y caída de precios.

Es cierto que, en apariencia, los productores tenderán a ir extrayendo el petróleo más barato y fácil de obtener (más rentable) en primera instancia y, por tanto, es lógico tender a pensar que siempre deberíamos encaminarnos hacia un petróleo más difícil y costoso de obtener.

Pero esto no siempre sucede de este modo porque el conocimiento que se está aplicando y la productividad de las técnicas asociadas a la inversión van creciendo con el paso del tiempo y la creatividad.

Resulta clave tener presente en cualquier caso que estamos ante una lucha permanente entre investigación, tecnología e inversión contra depletion (merma o consumo de reservas).

En ese sentido, cada época es un mundo y los incentivos son dispares en función de la fase del ciclo en la que nos hallemos…

Así pues, subidas significativas en el precio y caídas de las reservas de petróleo coinciden con épocas en que se ha invertido poco, lo que es el caso actual.

Si además hay subidas en la demanda del bien, surgen cuellos de botella que presionan aún más los precios al alza.

Es el momento de plantearse nuevas inversiones porque el elevado precio del petróleo (la promesa de una mayor rentabilidad) supone un fuerte incentivo, si bien el fruto de las mismas no será ni mucho menos inmediato y se hará notar con el paso del tiempo.

En cambio, las épocas de precios bajos coinciden con una alta disponibilidad y un precio no muy remunerativo (poco incentivo para investigar e invertir).

Eso pasó a partir de 2008 (y especialmente a partir de 2013), cuando se mezclaron los avances de la tecnología del fracking (aumento de la oferta) con la recesión económica (caída de la demanda).

Antes, en los 50 y 60, sucedió un fenómeno parecido cuando el precio se mantuvo bajo durante bastante tiempo, motivado por los grandes descubrimientos de Arabia Saudí, Libia, etc.

En ambas épocas, a raíz de que existía mucho petróleo barato, se redujeron los incentivos para invertir en el desarrollo de nuevos yacimientos y una mejor tecnología extractiva.

Estamos, como ya hemos dicho antes, ante una lucha continua que se traduce en un juego de arbitrajes variables en el tiempo. No se sabe quién va a ganar esta batalla.

Sí podemos afirmar que en los últimos 120 años la va ganando el hombre (la inversión), en tanto que cada vez se produce y consume más (100 millones contra 10 millones de barriles día) y en general el precio no ha subido significativamente en términos del poder adquisitivo constante de la moneda.

Inflación de precios por motivos monetarios

El vaivén de los precios del petróleo no sólo viene explicado por factores intrínsecos del sector relacionados con la disponibilidad de reservas, sino que está íntimamente relacionado los ciclos económicos:

Cómo el acceso al crédito abundante (y otros factores económicos complementarios muy baratos) genera booms económicos (elevada actividad económica) al crear nueva capacidad de compra que lleva a cuellos de botella en este tipo de bienes (esto lo explica la teoría del ciclo comercial).

Así, en la situación presente, la poca inversión en búsqueda de yacimientos y tecnología extractiva se ha unido a un final de ciclo de recursos naturales baratos y a la generación de una gran cantidad de dinero a partir, sobre todo, de la crisis de la Covid-19.

Se ha incrementado casi un 40% la oferta monetaria en dos años sin venir en ningún caso acompañado de aumentos en la productividad.

Pues incluso la economía ha estado parada seis meses por los confinamientos, y a medio gas después por las restricciones posteriores. Todo ello ha provocado una tensión en muchos precios de la economía, especialmente, las commodities.

Por último, cuando se recalienta la economía y los agentes económicos afrontan niveles de inflación elevados sostenidos en el tiempo, así como devaluaciones monetarias, muchos bienes materiales, y en particular las materias primas, acaban monetizándose por cuanto son formas muy superiores de conservar el valor de los ahorros o patrimonios que la renta fija o el efectivo.

Se huye de la moneda y se busca refugio en este tipo de bienes reales, por lo que incluso surge la especulación en torno a estos. Este factor contribuye por tanto a disparar la demanda de petróleo, oro, plata, inmuebles y otros bienes que presentan estas características.

Conviene tener claros los rudimentos teóricos sobre cómo se forman los precios de bienes de la economía tan críticos para la humanidad como el petróleo para comprender que las explicaciones más intuitivas y pesimistas no son siempre las más certeras…

¿Qué aprenderás con el Máster en Economía UFM-OMMA?

En nuestro Máster en Economía de UFM-OMMA llevamos ocho años enseñando a nuestros alumnos a entender la economía y su funcionamiento gracias a las aportaciones científicas que, en defensa de los mercados, han desarrollado economistas de la Escuela Austriaca, la Escuela de Chicago, la Escuela de la Elección Pública, la Escuela de Bloomington o el neoinstitucionalismo.

Contamos con profesores y conferenciantes como Juan Ramón Rallo, Juan Sebastián Landoni, Carlos Rodríguez Braun, Gabriel Calzada, Daniel Lacalle, Miguel Anxo Bastos, Martín Krause, Gabriel Zanotti, Peter Boettke, Lawrence H. White o Alejandro Chafuen.

Artículo publicado originalmente en Libertad Digital

¿Suenan tambores de estanflación?

Suenan tambores de estanflación

En OMMA Business School Madrid repasamos algunas claves de la actual inflación.

Los próximos meses se antojan apasionantes al observador de la realidad económica, quien muy probablemente esté bastante entrenado en su capacidad de asombro por lo que lleva pasando desde hace varios años en este alocado mundo…

Si en 2007 emergió una recesión económica cimentada en un proceso de carácter deflacionario (precios, salarios, tipos de interés), en estos momentos nos acercamos con pasos de gigante al abismo de la estanflación, a saber, la combinación de inflación con crisis económica.

En OMMA Business School Madrid, llevamos muchos años explicando a nuestros alumnos del Máster en Economía UFM-OMMA cuál fue el origen de la Gran Recesión y ahora estamos analizando con ellos cuáles son los desencadenantes de la inflación actual y qué cabe esperar en el futuro. Hablemos un poco de ello aquí también.

¿Posibilidad de crisis económica con inflación?

Si surgiera esta posibilidad tendría tintes algo apocalípticos (los períodos inflacionarios suelen tomar ese cariz), está llevando a que muchas personas estés como algunas presas ante su depredador: en modo parálisis.

Ya se sabe: ante un peligro inminente o un trauma, los seres vivos reaccionan habitualmente de tres maneras posibles. En inglés se ilustra por medio de las tres «F»: fight, flight or freeze. O lo que es lo mismo: lucha, huida o parálisis.

De momento, muchos están a la espera de ver cuáles son los próximos movimientos en este tablero de ajedrez de la economía y geopolítica mundiales…

La inflación, con datos de febrero de 2022

Hay motivos de preocupación. La inflación, con datos de febrero de 2022, se ha ido al 7,4% interanual y varios analistas estiman que se irá a los dos dígitos, sobrepasando el 10% esta misma primavera si el conflicto Rusia-Ucrania persiste en el tiempo.

La temida estanflación vendría caracterizada por la aparición de una inflación de costes sostenida en el tiempo que afectaría por igual a familias y empresas.

Si la cesta de la compra venía subiendo desde 2020, desde otoño de 2021, empezaron a saltar las alarmas como consecuencia de los incrementos acelerados en el coste energético y de commodities.

Parte de la explicación la encontraban los analistas en las rigideces en la oferta que se encontró Occidente a la salida de los confinamientos por la crisis de la Covid-19. Cuando volvió a salir la gente a la calle, la reactivación de la economía se produjo a tal ritmo que la oferta no estaba en absoluto preparada para atenderla en tiempo y forma.

La cuestión era si este fenómeno inflacionista (cuellos de botella) iba a ser de carácter coyuntural y las aguas volverían a su cauce tras unos meses tensos, o si este hito marcaba el escopetazo de salida (siempre hay un trigger o desencadenante en cualquier crisis) hacia una inflación de tipo endémica que empobrecería más a una población ya maltrecha por la crisis de ingresos experimentada durante los meses de encierro.

La escasez llegaba a España…

En otoño de 2021, se alzaron voces alertando de posibles desabastecimientos e incluso cortes de electricidad (varios Gobiernos europeos advirtieron de esa posibilidad a su población). De modo que las estaciones de frío se presentaban calentitas.

Finalmente no corrió la sangre al río, pero los precios de los alimentos, energía o materias primas siguieron su escalada.

Se pusieron de manifiesto restricciones en la cadena de suministros en China por la necesidad de racionar el acceso a la energía de un país esencialmente exportador.

Las fábricas chinas ralentizaban la producción, subían los precios de los fletes y se acumulaban los retrasos en el envío de mercancías.

El runrún de la escasez llegaba a España y empezaban a faltar algunos bienes. Además, los productores en España tenían que empezar a repercutir precios de materias a sus clientes en España, pese a llevar largo tiempo conteniéndolos a la espera de que la situación se relajara.

En España, algunas empresas muy dependientes del consumo energético o de ciertas commodities han tenido que paralizar la producción, como mínimo, temporalmente.

Otras están paradas por roturas de stock de factores productivos que no llegan a las fábricas. La pérdida económica, la subida de precios y al escasez afloran como consecuencia.

Hasta aquí rigideces y estrecheces que podrían tener un componente estacionario, si bien los costes energéticos en China ya daban pistas de que algo de mayor calado podía estar fraguándose. Europa y EE.UU. han apostado por la energía verde, que no pasa por ser la más eficiente.

Si nos deslizamos hacia fenómenos de carácter más estructural, se ha de prestar especial atención al incremento de la oferta monetaria.

La tasa de crecimiento de la M2 (efectivo en manos del público + depósitos hasta los dos años) en EE.UU. ha sido del 6% desde 2006. Desde mediados de 2020 (tras los confinamientos), ha experimentado un notable salto hasta llegar a un incremento del 13-14% anual.

¿Qué dijo Milton Friedman en 1963 sobre la inflación?

Milton Friedman advirtió en 1963 que «la inflación siempre y en todas partes es un fenómeno monetario, en el sentido de que no puede suceder si no es con un más rápido incremento de la cantidad de dinero que de la producción».

No parece que las decisiones monetarias de los Bancos Centrales en Europa o Estados Unidos, con tipos de interés en mínimos históricos y una expansión monetaria de estas dimensiones, estén siendo las más prudentes en el contexto económico en que nos hallamos.

La inflación derivada de los déficits públicos, la consiguiente deuda nacional comprada por los Bancos Centrales y la pérdida de poder adquisitivo del dinero están servidos. Hay que señalar que esta presión inflacionista, causada por la expansión monetaria, sí tiene un componente más estructural y duradero.

Toda esta inflación de costes se ha producido sin que uno de sus precios más importantes, los tipos de interés, haya subido de manera significativa en EE.UU. o la zona euro.

Cabe esperar que, si la contención de la inflación es inviable por otras vías, los tipos deberán subir de manera acompasada a la tasa de inflación metiendo un cerrojazo al consumo diferido en el tiempo y a la inversión y refinanciación empresarial.

Pero no solo: la renta fija, en especial a largo plazo, sufrirá grandes descuentos, de modo que los tenedores de bonos y obligaciones sufrirán merma económica, y el creciente peso de la deuda pública sobre el PIB será señal inequívoca de la maltrecha salud financiera y monetaria de los Estados nacionales.

Otro precio clave que aún no ha sufrido cambios significativos en España son los salarios.

En los 70, cuando se padeció una crisis inflacionaria con parecidos tintes, precios como los salarios se acabaron indexando a la inflación porque, de lo contrario, sería insostenible políticamente la pérdida de poder de compra continuada de las familias, cuando los bienes básicos como la electricidad, la gasolina o el alimento se encarecen a pasos agigantados.

Es de esperar que tarde o temprano esto suceda sumándose a los costes crecientes que ya soportan las empresas. De este modo, el aumento de costes de acceso al capital, las materias primas, la energía y los salarios descapitalizarán a gran velocidad al tejido industrial y empresarial de los países.

¿Qué sucede en los períodos inflacionarios?

Se produce una redistribución de las rentas entre países (cambia la relación real de intercambio).

Así, en los países más industrializados o con servicios -dependientes del consumo de materias primas o energía- se pasa a vivir con más estrecheces porque derivan las rentas hacia los productores de commodities, quienes salen ganadores y ven incrementarse sus beneficios.

De este modo, en países industrializados nos topamos con sobrecostes a todos los niveles que irremediablemente llevan a que los beneficios empresariales, en términos reales, mengüen o surjan pérdidas y los consiguientes cierres.

Y, a todo esto, el 24 de febrero de 2022 estalla la guerra entre Rusia y Ucrania.

¿Pudiera ser este nuestro segundo cisne negro tras la crisis de la Covid?

Bien es sabido que los períodos de guerra son grandes generadores de inflación por los desarreglos en las cadenas de producción y suministros, y porque se financia una parte del gasto militar con déficit público.

Habrá que seguir observando mientras se desencadenan los acontecimientos… Desde luego, estamos viviendo una época que transita entre luces y sombras.

Resulta imperioso en este contexto poder caminar hacia la luz y para ello es clave disponer de las herramientas teóricas que nos permitan entender los factores explicativos de nuestro entorno y nos den la seguridad de poder desenvolvernos con éxito en tierras movedizas.

¿Qué puedes aprender en el Máster en Economía de UFM-OMMA?

En nuestro Máster en Economía de UFM-OMMA llevamos ocho años enseñando a nuestros alumnos a entender la economía y su funcionamiento.

Gracias a las aportaciones científicas que, en defensa de los mercados, han desarrollado economistas de la Escuela Austriaca, la Escuela de Chicago, la Escuela de la Elección P´ública, la Escuela de Bloomington o el neoinstitucionalismo.

En nuestro programa hemos tratado de reunir a los mejores profesores de habla hispana en este campo para conformar un cuerpo teórico y analítico integral con disciplinas como:

  • La historia económica (el pasado es un gran predictor del futuro).
  • Los ciclos económicos.
  • La teoría financiera.
  • La microeconomía.
  • La teoría del Estado (en la que reflexionamos sobre cuál es el papel del Estado en cada época histórica y cómo ha ido evolucionando su poder).
  • Las políticas públicas (donde se nos muestra el marco regulatorio al que se somete la producción en cada país y qué se busca de cada regulación).
  • Así como la fiscalidad y más.

Contamos con profesores y conferenciantes como Juan Ramón Rallo, Juan Sebastián Landoni, Carlos Rodríguez Braun, Gabriel Calzada, Daniel Lacalle, Miguel Anxo Bastos, Martín Krause, Gabriel Zanotti, Peter Boettke, Lawrence H. White o Alejandro Chafuen.

Artículo publicado originalmente en Libertad Digital